Federico
Érase una vez un ratón llamado Federico que de todo el
universo era el más rico.
Todas las estrellas quería poseer y todas las noches una
estrella salía a recoger.
Vivía en una gran mansión y las estrellas formaban parte de
su decoración.
Pues tanto le gustaba que siempre las limpiaba, pero muy
triste seguía porque lo más bonito del universo no poseía.
Su nombre era Luna y
brillaba como ninguna. Tanto le gustaba porque a un gran queso fresco le
recordaba.
Viajó, viajó y hasta ella llegó.
Como en su mochila no cabía decidió hacerse su mejor amiga.
Viajaron y viajaron y hasta la casa de Federico llegaron.
Como en su casa no entraba con tenedor y cuchillo se la
merendaba.
La luz de la luna cada vez menos brillaba y si sonrisa menos
mostraba.
La luna tan pequeña
se quedó que a todo el universo a oscuras dejó.
En la mansión por fin entró pero Federico muy triste la vio,
la luna ya no sonreía y con ella no se divertía.
Así que una gran idea se le ocurrió, hacerle un gran vestido
que en el universo causará sensación.
Este vestido sería tan brillante, que la luna volvería a
lucir una sonrisa gigante.
Unas cositas muy brillantes encontró y junto a las estrellas
al vestido las cosió.
La luna muy bonita se quedó y su vestido por todo el universo
relució.
No hay comentarios:
Publicar un comentario