Érase una vez un príncipe al que le gustaba mucho ir a caminar por el bosque y siempre llevaba consigo su espada y escudo ya que a pesar de ser un precioso bosque había mucho peligro dentro de él. Contaba la leyenda que dentro del bosque en la gran Cueva Calavera vivía el Dragón Ramón, nadie lo había visto jamás pero sí se podían oír sus gruñidos cuando alguien pisaba el bosque. El príncipe no estaba dispuesto a renunciar a sus largos paseos por el bosque a pesar de provocar el enfado del Dragón Ramón.
Un día en el que el sol estaba dormido entre las nubes y solo se podía apreciar una espesa niebla, el príncipe escuchó unos gritos... pero no eran los gritos del dragón, sino de una chica que lloraba desconsoladamente. El príncipe fue en su búsqueda pero debido a la niebla y a su torpeza cayó al río. Al conseguir salir de él se dio cuenta de que había perdido su espada y el escudo.
- Sin la espada y el escudo no podré vencer al dragón si me lo encuentro, ¿Qué puedo hacer? ¿Ayudar a esa pobre chica o irme a casa para protegerme?.- Pensó.
Al cabo de unos minutos tomó una decisión: Ayudaría a la chica y vencería al Dragón Ramón con sus propias manos si era necesario.
Tras caminar en busca de la chica al fin la encontró. Era una bella mujer, con el pelo largo y rizado y de un color rubio como el oro. Tenía los ojos grandes como platos y marrones como la misma tierra.
El príncipe sentía como le latía el corazón y a la vez sentía un terrible miedo porque ella estaba dentro de la Cueva Calavera. Decidió entrar silenciosamente hasta que alcanzó a la guapa mujer. Ella entre llantos dijo:
- Señor príncipe... tengo mucho miedo. Todo estaba tan oscuro que no conseguí salir de aquí. El dragón Ramón salió enfurecido diciendo que te mataría. Yo sé cómo puede morir el dragón...
- Tranquila, no nos hará daño. Dime, ¿ Cual es la fórmula?. - Dijo el príncipe
- Solo tenemos que conseguir que el Dragón estornude y morirá. - Dijo la chica
- Esta bien, juntos lo conseguiremos. Iré al bosque a por una pluma y haciéndole cosquillas en la nariz lo lograremos. - Dijo orgulloso el príncipe.
al cabo de un rato apareció con la pluma y allí estaba la chica entreteniendo al dragón, mientras el príncipe sigilosamente le sorprendió con la pluma en la nariz. ¡Y estornudó!. Todos los problemas se acabaron, y ambos salieron del bosque felices. Al cabo de unos años se casaron en ese bosque y fueron felices para siempre.
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